Hace apenas una semana que terminé de leer este gran libro - fiel compañero de un tiempo muy dichoso-.
Me lo regaló Norma Zúñiga en el intercambio navideño de la universidad y me dio mucho gusto pues el noviembre previo, en la FIL, conocí al autor y comprando otro de sus libros tuve el gusto de escucharle una conferencia en inglés (que extrañamente comprendí en su generalidad) sobre El Museo de la Inocencia; lo poco que entendí me contagió muchas ganas de comprarlo y leerlo mas mi capital definitivamente no me ayudaba.
Orhan Pamuk, quién ganó en el 2006 el premio Nobel de Literatura, escribió una novela de realidad y fantasía de la cultura turca y de la aferración de un verdadero amor y la vivencia del mismo en los objetos materiales. Vienen tantas cosas a mi mente que casi quisiera leerles el libro, bueno... aterrizaré a lo que en realidad quiero compartir para no confundirles:
En la historia, Kemal colecciona cualquier objeto que ha pasado por la vida de su amada Fusún y el amor entre ella y él, desde prendedores de cabello, aretes y figuras de cerámica en forma de perro, mapas, abrelatas y colillas de cigarro;[es normal y casi fundamental que las personas se vuelvan fan de algo/alguien, coleccionen cierta cosa con mucha dedicación casi espontánea, se descubran motivadas o guiadas por cierto ente y le permitan influir con gran medida en sus vidas, así pueden covertirse en fanáticos o aficionados de ¡algo! Bueno... hasta hace casi un año, hice conciencia de que no tenía ese "algo" o no lo había descubierto, y les confieso que me sentí vulnerable, exiliada y hasta un tanto vacía. También compartí este sentimiento con una sabia amiga, quien opino al respecto: "Eso no es malo, sino bueno; no estás atada a algo o alguien, te mueves libre", algo así dijo. Me sentí convencida en un 90% pero el resto, al ser incierto (aunque poco) se torna y permance pesado. Fue entonces que leyendo este libro encontré que sí soy fan de algo y lo colecciono, mi gran fetiche es recaudar objetos que me transmitan la compañía de algo/alguien que formó parte de mi vida en algún(os) momento(s) y lo he hecho desde que tengo memoria de la misma manera que recuerdo a mi mamá diciéndome: "tira las cosas que no te sirvan, siempre tienes lleno de papeles, nada te cabe" pero es hasta ahora que analizando tal acción sé que su objetivo es recordarme aprendizajes y de aquí desprendo mi conciencia del olvido, defecto que me acompaña.
Papelitos, fotos, adornos, flores, envolturas, monedas, juguetes, libros, colores, canciones, cartas; ahora me gusta imprimirles la fecha de su momento en alguna parte y otorgarles un espacio adecuado - según mi concepción del orden- me encantaría tapizar mis paredes de todas esas cosas pero cuando quiera buscar una pared blanca que me invite al descanso no la encontraría en mi habitación, así que opto por estantes, un corcho y cajas. Seguiré con mi colección hasta no sé cuando, así como a Kemal le sucedió]
conforme cuenta la vida de este amor, describe el significado de cada uno de los cientos de objetos tan valiosos para él y la iniciativa de crear un museo en donde pueda honrar al amor de su vida. Como lector(a), se mantiene una interactividad constante y te convences de que es una historia real y que el museo está en Turquía con las puertas abiertas, además de que en una de las últimas páginas viene impresa ¡una entrada real al museo! para una sola persona que lleve el libro en mano y pues obviamente haya sido lector del mismo. El gran motivador a esta visita es el amor apasionado vivido en la novela y el empeño de Kemal por nunca abandonarlo.
Papelitos, fotos, adornos, flores, envolturas, monedas, juguetes, libros, colores, canciones, cartas; ahora me gusta imprimirles la fecha de su momento en alguna parte y otorgarles un espacio adecuado - según mi concepción del orden- me encantaría tapizar mis paredes de todas esas cosas pero cuando quiera buscar una pared blanca que me invite al descanso no la encontraría en mi habitación, así que opto por estantes, un corcho y cajas. Seguiré con mi colección hasta no sé cuando, así como a Kemal le sucedió]
conforme cuenta la vida de este amor, describe el significado de cada uno de los cientos de objetos tan valiosos para él y la iniciativa de crear un museo en donde pueda honrar al amor de su vida. Como lector(a), se mantiene una interactividad constante y te convences de que es una historia real y que el museo está en Turquía con las puertas abiertas, además de que en una de las últimas páginas viene impresa ¡una entrada real al museo! para una sola persona que lleve el libro en mano y pues obviamente haya sido lector del mismo. El gran motivador a esta visita es el amor apasionado vivido en la novela y el empeño de Kemal por nunca abandonarlo.
Inmediatamente después de terminarlo, me lancé al internet para encontrar algo de verdad de esta novela ¡y del Museo! Mi sorpresa no fue que como yo, haya otros muchos lectores aficionados que sueñan con ir a Estambul, sino que Orhan Pamuk inició el proyecto de la construcción de El Mueso de la Inocencia en la calle que efectivamente relata (Çukurcuma) y que planeaba abrirlo al público en el primer semestre de este año, siendo una de las nuevas atracciones europeas de Estambul 2010. Lamentablemente, la prensa de esta ciudad criticó el apoyo financiero que el gobierno turco daría al escritor y Pamuk decidió interrumpir definitivamente la creación. También me topé en un blog, la fotografía que expongo; según se indica es éste el lugar preciso donde se modelaría El Museo de la Inocencia; encontrar esta imagen fue uno de esos momentos que quisiera/quiero coleccionar, por eso la uno a "descalza" y comparto estas letras.
Al inicio me envolvió mágicamente la historia, luego, la descuidé por el hábito de la lectura que apenas me iba forjando, después volvió la emoción que ya no se fue; hasta estos últimos días me he sentido tan parte de él y a él tan parte de mí que tengo entre mis grandes metas viajar a Estambul, caminar por sus calles y vivir un poco de esta experiencia, por ahora, imaginaria. Anhelo que el proyecto vuelva a su marcha.
Creo que todos conservamos un museo de la inocencia, empolvado, reluciente, oculto, interrumpido, pendiente; una diferencia de los nuestros con los museos tradicionales es que en los personales, no importa mucho el público sino el motivo.
Gracias, Pamuk.


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