sábado, 30 de abril de 2011

@mcvaLEE

después de un pesado cuatrimestre, llevo dos semanas sin clases y mi vida cambia treméndamente. Rescato lo siguiente:

La vida del comunicólogo (de profesión, ofico o vocación) es un debate, como en casi todo, entre lo permanente y lo espontáneo pero es cierto que algunos nos apasionamos y descuidamos la permanencia por estar (ya no "al día") al momento de las notas... tuiter.
 
Aquellos que preocupados por no envejecer, corremos como las máquinas de la prensa y dejamos para después, para un rato no casual, al libro. Hay una competencia escondida, "la tiranía de lo fugaz", que todos los días laborales, por así decirlo, pretende asfixiar al que se atrase y hacer sentir culpabilidad de los momentos no invertidos en actualización. Entonces volteo a ver mis libros "pendientes" con el separador en la misma página o la que sigue o aveces, en la anterior.

En estos días de aliento, respiro tiempo pudiendo pensar que hay que leer lo de ayer para entender lo de hoy, así que no sé qué suceda las semanas siguientes con los periódicos, el tuiter y los trofeos para el más informado...

Hoy leeré un libro.

En casa, en pijama, con la familia por ahí en el mismo lugar y con una jarra de "agua de cuaresma".


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