sábado, 30 de abril de 2011

@mcvaLEE

después de un pesado cuatrimestre, llevo dos semanas sin clases y mi vida cambia treméndamente. Rescato lo siguiente:

La vida del comunicólogo (de profesión, ofico o vocación) es un debate, como en casi todo, entre lo permanente y lo espontáneo pero es cierto que algunos nos apasionamos y descuidamos la permanencia por estar (ya no "al día") al momento de las notas... tuiter.
 
Aquellos que preocupados por no envejecer, corremos como las máquinas de la prensa y dejamos para después, para un rato no casual, al libro. Hay una competencia escondida, "la tiranía de lo fugaz", que todos los días laborales, por así decirlo, pretende asfixiar al que se atrase y hacer sentir culpabilidad de los momentos no invertidos en actualización. Entonces volteo a ver mis libros "pendientes" con el separador en la misma página o la que sigue o aveces, en la anterior.

En estos días de aliento, respiro tiempo pudiendo pensar que hay que leer lo de ayer para entender lo de hoy, así que no sé qué suceda las semanas siguientes con los periódicos, el tuiter y los trofeos para el más informado...

Hoy leeré un libro.

En casa, en pijama, con la familia por ahí en el mismo lugar y con una jarra de "agua de cuaresma".


El tilichero

Estoy, con ganas de escribir de tanto, con muchas palabras clave pendientes, frases subrayadas que pueden inspirar uno o dos libros, sueños, ganas de hacer, de crear. Tengo en una de las camas, pedazos de tela "cambaya" para hacer chalecos, el costurero abierto; en el neceser del tocador, unas bolsitas con ganchos para los aretes de fotografía y desechos orgánicos que venderíamos mi amiga Priscila  y yo en el paseo Chapultepec; tijeras, listones, regalos de exnovios, restos de un trabajo escolar, manualidades pendientes, recuerdos de bodas y xvaños, ramas, hojas y flores marchitas, mi falda de baile regional que ha sido el toque ganador en el concurso de altares dos años seguidos fungiendo de mantel, botes, cajitas y mucha chuchería en el espacio que platico como "El tilichero", ese que le molesta tanto a mi madre y que entre semana me suplica un órden. Tal debralle me ha sacado de angustias en proyectos académicos, me ha mediado premios y dejado compartir, con compañeros de equipo, impulsores para la creatividad. También me he valido de él para provocar sonrisas al próximo cumpleañero, al ser querido, a quienes visitan mi cuarto y a mí misma. Es noble, da sin medida y recibe lo que le caiga. Ese "tilichero" que me tiene preparados muchos más momentos como los que acontinuación relato:

La creatividad, la capacidadad de producir algo que funcionará, para lo que yo quiera o para lo que tú descubras, está en la punta de mis dedos. Ansiosa sensación, placentera reflexión del poder.
Y cuando me encuentro a punto de empezar a aterrizar mis fantasías y amasar la plastilina ... pum! ¡comienza la guerra! el alma de artista me susurra delirios, el entorno pide una base firme, mis manos me recuerdan que no  son expertas en delicadezas y en mi cerebro fluyen órdenes de todos lados: la inversión, el tiempo, la agenda del día, la trascendencia, el ahorro de material, la practicidad y por otro lado la originalidad. Los sentiemintos no se quedan atrás, tambien juegan su batalla, los que destacan por quedar inmersos en la futura creación, los que estarán pendientes en el proceso, los que apenas nacerán durante la vida del creado y de los que lo conozcan, los negativos que se esfuerzan en convencerme de hacer otra cosa y que presionan la balanza a las ideas que parecían de la banca o del equipo perdedor. Cuando por fin la voluntad y la confianza en mí misma recuperan valor y la inspración me besa los labios, aplasto las tentaciones mundanas y doy el brochazo, echo el huevo al aceite, deslizo mi nariz en su ombligo, rasgo una cuerda a la guitarra, surge la catársis, el clímax máximo del ser humano: crear. el alma al borde de la piel.

Bueno, así me pasa. "El tilichero" es más que un montón de basura, es la industria de efectos de sonido para el mejor filme del mundo.